Escritos hasta el momento.

Satisfacción.

—UGH— Tu grito resuena en la habitación desde la puerta. Si Tirathel pensó que dejarías de quejarte al llegar a tu cubículo, estaba muy equivocada. Cada vez te molestan más estas reuniones, en especial cuando se alargan innecesariamente y tienes que aguantar los monólogos incesantes de Uriel y otros Aazita con la boca cerrada y la espalda bien derecha.
Caminas hacia el centro y sueltas otro quejido. Esta fue la reunión más larga a la fecha, y tu forma no agradece haber estado estirada por tanto. Comienzas a cambiar a tu imagen más cómoda y pequeña mientras Tirathel acomoda las fábricas esparcidas por tu cubículo dentro de tu Degolladura (que buena Yazata te conseguiste). Miras la forma en que trabajan sus músculos al agacharse, sin aparente molestia pese a haber estado todo ese rato parada, y te desparramas arriba de sus espalda.
— ¿Cómo lo aguantas?— (decides que esta posición es muy cómoda)
Tirathel no deja de moverse en ningún momento y se levanta lentamente cuando termina. Gruñes y te dejas caer suavemente.
—Costumbre— Ahora que has vuelto a tu tamaño normal, tienes que estirarte hacia atrás para verle la cara y cerciorar que dice la verdad, pero solo parece aburrida. Tomas su muñeca e indicas la Degolladura
—Vamos a descansar— sin soltarla, bajas cuidadosamente y la arrastras contigo hacia la suavidad de tus telas.

...
Oh, esto no va a funcionar.
Miras a Tirathel y ella te da una pequeña sonrisa, pero sabes que se burla de ti. Con su forma actual, la Degolladura le llega poco más arriba de la cadera y no hay manera de que caiga adentro contigo. Y lo peor es que esta ingrata cree que se va a salir con la suya.

— ¿Ahora qué, Tentación?— Ahora sí sientes la satisfacción en su voz. Bastarda.
Resoplas y te cruzas de brazos.
— ¿De verdad quieres que convierta esto una orden? —
—No sé de qué hablas— Intentas no sonreír y la empujas suavemente.
—Voy a darme la vuelta, y cuando te mire más te vale haber vuelto a la normalidad, Aazita— Tirathel murmulla algo mientras te das la vuelta y te muerdes el labio. Sabes que aunque se queje, terminará haciendo lo que le pides. Terca.
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—No es solo la duración de las juntas— Ya oscureció y sigues tirada arriba de Tirathel, lamentándote. Cuando no está intentado verse más ”imponente” tiene una forma compacta y cálida que es perfecta para usar en tu degolladura. Levantas tu cabeza un poco y miras a sus ojos inferiores. Eso es un buen signo, está cómoda.
—¿Tú también lo notaste, cierto? Gaghiel no paraba de enviarme de sus sonrisas tétricas— Tirathel murmulla.
—No me preocupa Gaghiel. No te hará nada si no le haces nada— Sus ojos se entrecierran —A menos que le hayas hecho algo y no me haya enterado—.
Te haces la ofendida.
—¿Cómo te atreves a insinuar algo así?— Le das golpecitos en la sien con tus uñas. —No soy estúpida—
Tirathel te toma de la muñeca y fusiona sus ojos inferiores con los superiores. Oh no, la cara seria.
—Me preocupa la cara de disgusto que ponía Sachiel cuando tú hablabas. Cuando tenía la decencia de fingir que te oía—
—Pues a mí no me interesa Sachiel— te intentas sentar un poco y tu cuerpo protesta. Ugh. —Ella no alcanzaría a tocarme y ya la hubieras hecho comerse su núcleo—
Tirathel parece divertida frente a eso.
—¿Oh, eso es lo que quieres?—
—Pero por supuesto— La miras donde está, debajo de ti. Estás sentada justo arriba de su núcleo, estás segura. —Solo tienes que dejarme ayudarte a contenerla y podemos colgarla con su pelo—
Te mira y luego saca la sonrisa que te encanta, mostrando todos sus dientes. Parece más una mueca que otra cosa, pero hay un brillo en su mirada parecido al de un cazador que tiene su presa en las manos que habla de felicidad (también te encanta la expresión en los rostros de los Aazita las pocas veces que la hace en público).
—Pero por supuesto, Tentación. Todo lo que pidas—